lunes, noviembre 14, 2005

DEDICACIÓN XVIII

Tus ojos no perdonan mi sonrisa
y estás hecha de perdón.
Tus manos se alegran de mi
y habitas en mi sangre.
Tu voz de agua clara no me nombra
y siento el eco de tu voz nombrándome.
Te pienso contra todos
contra tus ojos, tus manos y tu voz.
Para que no te olvides,
que si existo ha sido sólo para nombrarte.

Hugo Ditaranto

No hay comentarios: